El príncipe Andrés, otrora figura prominente de la realeza británica, ha caído en desgracia tras el escándalo Epstein, marcando un antes y un después en la historia de la Casa Windsor. Despojado de sus títulos y honores reales por el rey Carlos III, Andrés ahora es conocido oficialmente como Andrés Mountbatten-Windsor, un nombre que refleja no solo un cambio de identidad, sino también una estrategia de la monarquía para distanciarse de la polémica.
Un Apellido con Historia: De Saxe-Coburg a Mountbatten-Windsor
El apellido Mountbatten-Windsor tiene sus raíces en la Primera Guerra Mundial, cuando el rey Jorge V, abuelo de Isabel II, decidió cambiar el nombre de la dinastía de Saxe-Coburg and Gotha a Windsor para mitigar el sentimiento antialemán en el Reino Unido. Este cambio, que buscaba fortalecer la identidad nacional, también llevó a que otros miembros de la familia real, como el príncipe Luis de Battenberg, adoptaran apellidos más “británicos”.
Expulsión del Royal Lodge y Exilio en Sandringham
Además de perder sus títulos, el príncipe Andrés ha sido expulsado del Royal Lodge, donde residía sin pagar alquiler, y se espera que se traslade a Sandringham, una propiedad de la familia real en Norfolk. Este exilio marca el final de su vida pública y su distanciamiento de los deberes reales.
La decisión del rey Carlos III, respaldada por el príncipe William y otros miembros de la familia real, busca proteger la imagen de la monarquía y evitar que el escándalo Epstein siga erosionando su legitimidad. Aunque sus hijas, las princesas Eugenia y Beatriz, conservarán sus títulos, el futuro del príncipe Andrés dentro de la Casa Windsor parece incierto.
- Cambio de Nombre: De príncipe Andrés a Andrés Mountbatten-Windsor.
- Expulsión: Del Royal Lodge a Sandringham.
- Protección Real: El rey Carlos III busca proteger la imagen de la monarquía.
El caso del príncipe Andrés es un claro ejemplo de cómo la monarquía británica se adapta a los tiempos modernos, tomando decisiones difíciles para preservar su relevancia y reputación en un mundo cada vez más escrutador.