Fútbol y geopolítica: Un partido cargado de simbolismo en Oslo
El partido entre Noruega e Israel, válido por la clasificación al Mundial 2026, trascendió lo meramente deportivo para convertirse en un foco de tensión política. La previa del encuentro estuvo marcada por protestas y fuertes declaraciones, reflejo de la profunda división generada por el conflicto israelí-palestino.
Lise Klaveness, presidenta de la federación de fútbol noruega, encendió la polémica al sugerir que Israel debería ser excluido de la competición, equiparando su situación a la de Rusia. Esta declaración se sumó a las manifestaciones en las calles de Oslo, donde miles de personas expresaron su rechazo a la participación de Israel en el torneo.
La respuesta desde Israel no se hizo esperar. Moshe Zuares, representante de la federación israelí, criticó la postura de Klaveness y solicitó que parte de la recaudación del partido se destinara a condenar los ataques del 7 de octubre de 2023.
Un partido clave en lo deportivo
Más allá de la controversia, el partido era crucial para ambos equipos en sus aspiraciones mundialistas. Noruega, liderada por su estrella Erling Haaland, busca regresar a una Copa del Mundo después de 27 años de ausencia. El equipo escandinavo lidera el Grupo I con una campaña casi perfecta.
Israel, por su parte, lucha por asegurar un lugar en el repechaje. El equipo visitante necesitaba sumar puntos en Oslo para mantener vivas sus esperanzas de clasificar al Mundial 2026.
Ambiente caldeado en las gradas
Pese a la tensión, se pudo observar una presencia significativa de aficionados israelíes en el estadio Ullevaal, mostrando su apoyo a la selección. La seguridad fue reforzada para evitar incidentes y garantizar el normal desarrollo del encuentro.
El resultado final del partido tendrá un impacto significativo tanto en lo deportivo como en lo político, dejando en evidencia la compleja relación entre el fútbol y los conflictos internacionales.