El peso argentino ha vivido su mejor cuatrimestre en décadas, pero detrás de esta aparente victoria hay una tensión que ya no está a la vista. Según los datos del primer cuatrimestre de 2026, el dólar mayorista cerró abril en $1.391, un valor que representa un 64% de desplazamiento desde el inicio del año. Este movimiento, aunque inicialmente alentador, revela una situación compleja: la inflación acumulada del 9,4% en los últimos meses ha erosionado la ventaja cambiaria que el país tenía antes de este periodo.
El fenómeno se explica por una combinación de factores. Por un lado, el aumento de la oferta de divisas en la cuenta financiera y una liquidación acelerada en el sector agropecuario han impulsado el precio del dólar. Por otro, el gobierno enfrenta una decisión crítica: reactivar la economía o contener el aumento del peso. Esta tensión se refleja en el comportamiento del mercado, donde el dólar minorista terminó en $1.420 en las últimas semanas, un nivel que ya no es tan favorable para los argentinos.
¿El peso argentino está en una zona de equilibrio? ¿O es un momento de riesgo?
La respuesta depende de cómo el gobierno y las instituciones financieras gestionen el ciclo. Si no se toman medidas rápidas, el aumento de la inflación podría llevar a una caída adicional en el valor del peso. Por ejemplo, en el año 2023, el aumento del 12% en la inflación generó un desplazamiento del peso en un 10% en un mes. Este patrón sugiere que el mercado está en un ciclo de ajuste.
Es importante destacar que el